VIOLETA ECHEVERRÍA; El bueno y el malo, ¿se rueda una película dentro de nuestro cuerpo? Nuestro amigo el colesterol.

Todos y cada uno de nosotros, de forma más o menos extensa, habremos oído alguna vez del colesterol. Sin embargo, para el que haya escuchado poco, hay muchos conceptos confusos: se habla del bueno.., del malo…, ¿y los huevos, cuántos se pueden comer a la semana? Pues bien, es hora de entender un poco más a nuestro amigo el colesterol.

 El colesterol es una molécula, y al igual que una molécula de agua es el conocido H20 (dos hidrógenos y un oxígeno), el colesterol es otra molécula, sólo que un poquito más grande. 
Y ahora hay una sorpresa para aquellos que pensaban que el colesterol era el malo de la película. Nada de eso: el colesterol es imprescindible para nosotros. Es un ladrillo fundamental que conforma lo que se llama “membrana plasmática” de las células que componen nuestro cuerpo. Esa membrana plasmática es como la piel de las células, es aquello que hace de barrera entre el exterior y el interior de las mismas.

 Ahora, para entender la magnitud que tiene que cada una de las células de nuestro cuerpo emplee el colesterol para formar su piel, tenemos que entender cómo se organiza nuestro cuerpo. Si ponemos el símil de que nuestro cuerpo es un país, las células serías los individuos que componen la población de ese país. Son entes individuales, pero que se unen y forman provincias (tejidos) que, a su vez, se agrupan y forman comunidades autónomas (órganos) y que funcionando juntos son lo que conforma el país (la persona). 
 Entonces, si el colesterol es necesario para formar la “piel” de nuestras células… ¿el colesterol es bueno? Pues tampoco. El problema, es que tener cantidades elevadas de esta molécula en nuestra sangre es peligroso.

 El colesterol químicamente es un lípido (lo que entendemos como grasa) y dado que la sangre es algo más parecido al agua, el colesterol no puede ir disuelto en ella tan alegremente. Sería como intentar mezclar agua y aceite. Para eso, nuestro cuerpo tiene unos complejos macromoleculares llamados lipoproteínas que permiten el transporte del colesterol sin problemas (porque como ya hemos visto, algo de colesterol, sí es necesario). 
Y es ahora cuando empezamos con los acrónimos. Cada una de esas macromoléculas ha sido denominada según su densidad, dado que nombrarlas todas puede confundir más que aclarar, vamos a centrarnos únicamente en las dos que nos interesan: HDL y LDL. La HDL es aquella más densa y de ahí el acrónimo inglés (High Density Lipoprotein) y haremos spoiler llamándole ya la buena y la LDL es menos densa (Low Density Lipoprotein) y es la mala de la historia. De modo que queremos estar High y no estar Low, como si se tratara de nuestro estado de ánimo (nada que ver, pero nos sirve como regla nemotécnica). Digamos que ambas están bastante relacionadas, ambas contienen colesterol y ambas están en el ciclo hígado-sangre-célula-sangre-hígado. La LDL es aquella que lleva el colesterol a las células y la HDL es aquella que devuelve lo restante al hígado.

 Las células tienen una cosa llamada receptores-LDL, es decir, serían las cerraduras en las que encaja la llave (molécula de LDL) y hace que ésta entre dentro de las mismas. Y es así cómo reciben el colesterol, pero hay una sorpresa más: la gran mayoría de nuestras células, tiene la maquinaria suficiente para fabricar colesterol solitas y es algo que está muy bien regulado. De modo que si una célula no está generando suficiente colesterol por sí misma, fabricará más receptores para captar el de fuera, y al contrario, si tiene suficiente, dejará de crear receptores y el LDL se quedará dando vueltas en sangre.

 Y ahí está el peligro.

 La lipoproteína LDL, cuando está en exceso, puede oxidarse, quedarse pegada a las paredes de los vasos sanguíneos, ser atacada por nuestros propios macrófagos generando un foco de inflamación donde también se agregan plaquetas y esa es la receta para formar una placa de ateroma. Y estas placas, desgraciadamente, son la causa principal de infartos cardiacos, ictus y otros problemas vasculares de tipo obstructivo.

 La lipoproteína HDL se encarga en cambio de retirar colesterol, es por eso que ella está asociada a cardioprotección.

 Ambas moléculas contienen colesterol y forman parte de la medición “colesterol total” que vemos en una analítica, pero es importante ver la letra pequeña. Y si vemos que tenemos el LDL más alto de los parámetros y el HDL más bajo, es el momento de hacer algo, porque nuestro riesgo cardiovascular se está disparando.

 Entonces… ¿nada de huevo? No es tan sencillo. Es cierto que el huevo contiene una cantidad proporcional de colesterol grande, pero como hemos visto, nuestras células también generan colesterol de cero, así que la dieta juega un papel muy pequeño en el aumento de colesterol en nuestra sangre. Lo que más afecta, es cuánto genera cada una de nuestras células respecto a lo que coge o deja de LDL y eso está en nuestros genes, de modo que hay una carga genética muy importante en este tipo de situaciones. Es por eso que inicialmente se le echó la cruz al huevo, pero una persona que no tenga de base problemas de colesterol, no va a tener problemas por comer más o menos huevos a la semana. Y al contrario, hay personas altamente implicadas en su salud, haciendo una dieta fantástica y gran cantidad de deporte que se decepcionan al ver que su analítica de colesterol no mejora todo lo que ellos querrían. No por ello está mal; mejorar la dieta y hacer ejercicio es una buena medida para todo el mundo: eso reduce otros factores de riesgo cardiovascular (el colesterol es uno de ellos, ¡pero el sedentarismo, la diabetes, la obesidad y el tabaco son otros factores de riesgo importantes!). De modo que aunque eso no siempre se vea reflejado en la analítica (que por mucho que queramos, no puede verlo todo) hay que fomentarlo. Y en cuanto al colesterol… si está aumentado, como factor de riesgo, hay protocolos médicos que indican a partir de cuándo tratarlo con medicamentos (teniendo en cuenta muchos factores de la persona: como la edad, el sexo y los hábitos de vida).

 Para resumir: el colesterol es necesario, forma parte de nosotros, pero por factores fundamentalmente genéticos con la edad puede verse aumentado el colesterol que va en la lipoproteína LDL. La acumulación y oxidación de éste en nuestros vasos sanguíneos desencadena la formación de una placa de ateroma que supone un aumento del riesgo cardiovascular. Medidas como mejora de la dieta, ejercicio y dejar de fumar van a mejorar nuestro riesgo cardiovascular, aunque no siempre se verá reflejado en una disminución del LDL sobre el papel, ya que hay un gran componente genético en ese aumento. Y, si está muy elevado, habrá que recurrir a ciertos medicamentos si queremos disminuir el riesgo que nos proporciona un aumento de ese colesterol “malo”.

Es importante matizar que estamos hablando de aumento de riesgo: no siempre se produce un evento cardiovascular, pero cuantos más boletos de lotería compremos, más probabilidades tenemos de que nos toque algo y, en este caso, no lo queremos.

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