CUIDADO: GORDO Y, ENCIMA, DIABÉTICO
Imagina a Homer Simpson. Probablemente te haya venido a la mente una imagen de él sentado en su sofá bajo su protuberante barriga o deglutiendo ingentes cantidades de comida basura. Seguro que en más de una ocasión te habrás sentido identificado con sus hábitos. Pues cuidado, si no alcanzas a verte las puntas de los pies (por no decir otra cosa) o te estás excediendo en las comidas, puede que seas un candidato a tener diabetes.

Dicen que la obesidad es la gran pandemia del siglo XXI. Y no es de extrañar, pues cada vez es más frecuente y no solo en los países más industrializados. En España, más del 50% de los habitantes tienen sobrepeso y hay un 17% de obesos. ¿Estás entre ellos? Se define como “obeso” aquel que tiene un índice de masa corporal superior a 30, y hay distintos grados de sobrepeso antes de alcanzar este estado. La obesidad se produce, básicamente, por un desequilibrio entre el aporte y el gasto de energía de nuestro cuerpo. Su principal causa en nuestro entorno es el aumento en la ingesta de alimentos, que aporta excesiva energía a nuestro cuerpo, sumado a la falta de uso de esa energía: escasa actividad física y sedentarismo. Sí, coincide con esos hábitos de los que hablábamos. Así, nuestro cuerpo posee un exceso de energía que almacena en la grasa corporal.

Pero, ¿qué es lo realmente preocupante de la obesidad? ¿Por qué parece que en todos los medios la han tomado con el peso y se asocia a “no estar sano”? La verdadera preocupación está en las complicaciones que causa. La obesidad está asociada a muertes más prematuras, y esto se debe a que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, como el infarto o el ictus, y diabetes, entre otras.

La diabetes es otra de las grandes epidemias de la actualidad. ¿Quién no ha oído a alguna persona mayor –y no tan mayor- quejarse de que tiene “azúcar”? Pues bien, lo que tienen esas personas mayores y, repito, también las no tan mayores, es diabetes. ¿Alguna vez te ha preocupado padecerla? Si es así, probablemente decidas perder algunos kilos después de terminar de leer. La diabetes es una enfermedad en la que el cuerpo no es capaz de regular los niveles de glucosa (vulgarmente llamada “azúcar”) en sangre, haciendo que aumenten mucho hasta niveles en los que es peligrosa para la salud. Estos aumentos, prolongados en el tiempo, pueden producir enfermedades neurológicas, pérdida de visión, amputaciones, impotencia e incluso infartos. ¡¡¡Escalofriante!!!

Llegados a este punto cabe hacerse una muy acertada pregunta: ¿qué tiene que ver la obesidad, basada en un exceso de reservas energéticas en nuestro cuerpo, con la diabetes, donde el problema es la regulación de la glucosa? La respuesta no es sencilla, pues se basa en mecanismos complejos, pero es fácil de comprender.

Cuando comemos, aportamos a nuestro cuerpo energía en forma de nutrientes que atravesarán las paredes del tubo digestivo y pasarán a la sangre para, posteriormente, actuar en diferentes órganos y tejidos. La mayoría de los nutrientes que ingerimos pertenecen al grupo de los azúcares o carbohidratos, los cuales serán transformados en nuestro cuerpo principalmente en glucosa. La glucosa es la principal fuente de energía de nuestro organismo y es fundamental para el funcionamiento de algunos órganos, como el cerebro, por lo que el cuerpo humano posee mecanismos muy finos para hacer que llegue a nuestras células, almacenarla y aumentar o disminuir su disponibilidad en la sangre.
El principal de ellos es el mediado por la insulina, ¿te suena? Es ese medicamento que se inyectan los diabéticos, y ahora comprenderás por qué. Es una hormona secretada por el páncreas que actúa permitiendo la entrada de la glucosa en las células y, por tanto, que pueda ser utilizada. Se secreta cuando, tras las comidas, la glucosa procedente de los alimentos pasa en grandes cantidades a la sangre. Una vez que la glucosa ha pasado a las células, puede tomar dos vías distintas: producir energía o, si no necesita de esta en ese momento, almacenarse en forma de depósitos. Estos depósitos están en nuestros músculos (que la utilizarán como fuente de energía para el movimiento), en el hígado (la reserva principal del organismo) y en la grasa o tejido adiposo. Como antes comentábamos, el tejido adiposo se encuentra en grandes cantidades en las personas obesas. Aquí está la base del mecanismo que hace que en personas como el padre de la familia Simpson se dé más la diabetes.

El tejido adiposo tiene como principal función el almacenamiento de energía en forma de grasas. Estas son la forma más eficiente de almacenamiento y utilización de la energía, así que el cuerpo tiende a crear grandes almacenes y, de ahí, que se produzca el sobrepeso cuando esta energía no se utiliza. La glucosa que, como decíamos, entra en las células del tejido adiposo por la acción de la insulina, sufre en este unas transformaciones que la harán almacenarse en forma de grasas. Este es el fundamento de que el azúcar o, en su defecto, los alimentos que la contienen (el pan, la bollería, las bebidas azucaradas, etc.) engorden.

Esto es lo que ocurre en todos nosotros pero, ¿qué pasa cuando en nuestro cuerpo hay un exceso de reservas de grasa? Hoy en día se sabe que el almacenamiento de energía no es la única función del tejido adiposo, sino que es capaz de secretar hormonas y otras sustancias que desempeñan otras funciones en nuestro organismo. En la obesidad, donde la cantidad de este tejido sobrepasa la normalidad, existe una desregulación de estas sustancias que conlleva a un estado de resistencia a la insulina. En esta condición, la insulina no es capaz de realizar su acción en las células y permitir la entrada de glucosa, por lo que, en vez de esto, permanece en la sangre aumentando sus niveles. Pero no solo el tejido adiposo se hace resistente a la acción de la insulina, sino que también los músculos y el hígado lo hacen, aunque en su caso se debe más al exceso de grasa circulante en el organismo (de nuevo, debido al exceso en las reservas). Desde un punto de vista funcional, podría entenderse este mecanismo de resistencia a la insulina como un rechazo de nuestro cuerpo a seguir almacenando energía cuando ya tiene de sobra. Y espero que captes la indirecta.
La resistencia a la insulina es el primer paso en el desarrollo de la diabetes a partir de la obesidad, pues conlleva a un aumento de los niveles de la glucosa en la sangre. El segundo es la destrucción progresiva de las células productoras de insulina del páncreas, causado por la desregulación de las hormonas producidas en el tejido adiposo, el exceso de grasa y glucosa en sangre y otros mecanismos. Así, se sabe que la obesidad, con el tiempo, puede producir una diabetes, y hoy en día es su causa no genética más frecuente.

Espero que después de esto, te lo pienses dos veces antes de copiar los hábitos de Homer y tengas en cuenta que al cuerpo no hay que darle más de lo que necesita o se rebelará peligrosamente contra ti.