ANA BARTEN; La búsqueda de patrones

La complejidad de la naturaleza humana, así como la antigüedad de sus orígenes, son causas clave de la abundancia de dudas que a día de hoy se tienen sobre la misma; pues, salvo los historiadores más intrigados, somos muchos los que desconocemos más allá de los aspectos básicos. Entre otros, encontramos al escritor Michael Shermer, quien ha intentado, a través de diversas obras, demostrar que nuestra raza se caracteriza por una supervivencia fundamentada en pautas orientativas. Así, afirma que “los seres humanos somos animales en busca de patrones y somos expertos en encontrarlos, independientemente de que existan o no”, sentencia que ha servido de inspiración para la creación de este ensayo. Verdaderamente, ¿anda el ser humano guiado en todo momento por patrones, o persigue la continua búsqueda de la libertad? Se trata de una dicotomía que, tras un largo recorrido en el mundo del pensamiento, no ha dado lugar a respuesta universal alguna. Por un lado, encontramos a figuras como la de Arthur Schopenhauer, que han tratado de demostrar que “la libertad es fundamental en la existencia del ser humano, independientemente de que este sea consciente o no de todo lo que ella implica” (Arriagada, 2013), siendo así una de las claves para nuestra supervivencia. Por otro lado, el determinismo trata de argumentar que todos estos actos que consideramos voluntarios, están realmente preestablecidos y, por tanto, no podríamos subsistir sin una serie de normas. 

No obstante, ¿podría existir una respuesta general a esta dualidad? Si razonamos sería posible alcanzar una contestación en los fundamentos de la propia naturaleza humana, estudiados por la disciplina de las Ciencias Naturales. Logrando demostrar que, científica y biológicamente, el ser humano depende de patrones para sobrevivir, quedaría evidenciada la postura determinista. Por el contrario, si resulta que no tenemos dependencia de patrones, quizás podríamos replantearnos la teoría sobre la libertad propuesta por, entre otros, Schopenhauer. Ante todo, la clave está en destapar una de las curiosidades de nuestra especie que aún a día de hoy no ha sido concretada.

 Sin embargo, antes de recurrir a cualquier sentencia genérica procedente de las Ciencias Naturales, es precisa la siguiente reflexión. El hecho de que una serie de patrones sean vitales y, por tanto, no podamos sobrevivir si no los tenemos, puede ser entendido de manera que consideremos que nuestras tres funciones vitales por excelencia sean guiadas por ellos. Así, primero es necesario tener en mente que según las Ciencias Naturales, nuestras tres funciones vitales se componen de la reproducción, la relación y la nutrición (Ignacio, 2009). Por ello, en el caso de que estas tres acciones estén guiadas por patrones, podremos decir que, efectivamente, no podemos subsistir sin ellos. En segundo lugar, es imprescindible dar con la definición de patrón correspondiente, para saber en qué casos nos encontramos ante uno. Así, entenderemos por patrón un “modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual”, en palabras de la Real Academia Española. 

 Nuevamente recurriendo a conclusiones obtenidas tras el estudio de las Ciencias Naturales, atendemos a la primera función vital: la reproducción. La ciencia la ha calificado como “la capacidad vital del ser humano de generar un organismo semejante a sí mismo y así lograr que su especie sobreviva a lo largo del tiempo” (Ignacio, 2009); es decir, la acción de procrear un nuevo ser humano que posea las mismas características, o semejantes, que su antecesor. Indudablemente, ya estamos empleando inconscientemente un modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual, pues la propia definición del concepto de reproducción ya indica que el nuevo ser humano concebido será semejante a su creador, y, por tanto, este será instintivamente el modelo o patrón a seguir. Lo que queremos decir es que la primera de las tres funciones vitales básicas es de forma muy directa guiada por un modelo a seguir, que otorgará al ser humano sus correspondientes características.

 Pasamos a la segunda de las funciones: la nutrición; es considerada como la responsable de “todas las actividades por las cuales los seres vivos van a obtener la materia y la energía para vivir” (Ignacio, 2009), y se trata de la más compleja. Esto se debe a que se completa a través de la ejecución de muchas “sub-acciones” encargadas de, efectivamente, ingerir, expulsar y transportar dicha materia, lo que implica que sin el funcionamiento de alguna de ellas, la nutrición en sí no sería posible. De la misma forma, el hecho de que tan solo una de ellas sea completada a través del seguimiento de un patrón, podríamos considerar que la propia función de nutrición no sería ejecutable sin el mismo.

 Así, en la búsqueda de un patrón relacionado con la nutrición podemos encontrar la tarea de la circulación, cuya explicación no es otra que “el transporte de sustancias a través del cuerpo” (Ignacio, 2009). En este caso, el modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual será el sistema circulatorio a través del que se lleva a cabo esta distribución de materia, y que se trata de una conexión de venas preestablecida que consiste en un único circuito. Por tanto, podemos definirlo como un modelo fijo que ejercerá de patrón a seguir para las correspondientes células encargadas de llevar a cabo el proceso, puesto que tendrán que seguirlo a la hora de desempeñar su función. Esto, dado el planteamiento realizado, implica que la propia acción de la nutrición al completo no sería realizable sin el uso de pautas orientativas.

 Por último, en cuanto a la relación, conocida como “la capacidad que tienen los seres vivos de reaccionar ante estímulos o cambios del ambiente” (Ignacio, 2009), se lleva a cabo gracias a la percepción a través de los sentidos que proveen la información necesaria. En esta ocasión, pese a que los estímulos sean distintos, los sentidos desempeñan siempre una misma función prestablecida: recopilar y mandar información. De ahí, podemos considerar que esta cadena de dos simples acciones es un patrón a seguir por los sentidos, y, por tanto, la relación se basa en el mismo. 

Así pues, podemos concluir que lo que caracteriza esencialmente al ser humano es ser un perpetuo buscador de sentido en lo que se refiere a la orientación última de su existencia individual y colectiva. Es decir, dado que nuestras tres funciones esenciales básicas se guían por patrones, queda desbancada la teoría determinista y científicamente explicado que sin ellos no podríamos subsistir.

En definitiva, nuestro cerebro busca patrones. Y eso no es malo; ese comportamiento insertado nos ha ayudado a sobrevivir y a llegar hasta aquí.

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