ALBERTO MASEGOSA; La caída de un paradigma científico.

Me gustaría comenzar con el siguiente dicho:

“Todo científico que se aprecie, tiene mitad de erudito y mitad de feriante”
En un primer vistazo pudiera resultar una expresión graciosa, entretenida y que ridiculiza en cierto sentido, el aspecto más visual de todo experimento mostrado al público, donde el científico con su bata blanca impoluta y lápiz en mano, exhibe su creación al mundo.
Un buen experimento, tiene como resultado la ovación, vítores e incluso preguntas tímidas lanzadas al aire. El sabio saca pecho y comienza entonces la charlatanería, es el momento que esperaba, todo el mundo lo escucha, todo el mundo lo respeta y todo el mundo lo admira. La lujuria de todo científico.

Para un filósofo griego, traído aquí especialmente para la ocasión, la cuestión que le surge:
-¿Se lo inventa? ¿Hasta qué punto lo que dice es verdad?
No voy a entrar en comentar “la verdad” en términos generales pues, además de ser un tema donde andar puntillas no es suficiente para despertar a la bestia, esta no es nuestra dicha. El tema que nos atañe es la verdad en la ciencia y para ello hemos de comprender, que es un paradigma científico y como estos han cambiado en el tiempo gracias a personas que se atrevieron a levantar la mano y supieron construir un nuevo peldaño en la escalera del conocimiento.

Emulando a Sócrates, voy a contar una historia, una fábula si queréis, siendo vosotros quienes tomen el protagonismo en la arquitectura del concepto, que, por otro lado, ¿Acaso sabe alguien su forma real? 

Surgir del Geocentrismo.

El relato comienza allá por el siglo IV a.C. con un tal Aristóteles. Para aquellos que no lo conozcan, respecto al tema que nos atañe ahora, podemos decir que fue el filósofo natural más importante durante casi dos mil años y sus consideraciones sobre el mundo natural fueron inamovibles hasta la llegada de la revolución científica, siglos XVI y XVII. Como podéis imaginar, Aristóteles no vivió aislado y sus pensamientos e ideas estaban influenciadas por sus predecesores (Por ejemplo Platón, su maestro) y coetáneos. Pero he de marcar un punto de origen y por la influencia que Aristóteles tendrá en la historia de la astronomía, resulta lógica su elección como punto de partida.

En efecto, este personaje del que os hablo, vivía en un planeta llamado tierra, situado en el centro del universo y donde las estrellas, el resto de planetas y astros en general giraban alrededor de una Tierra fija siguiendo un movimiento circular, a velocidad constante, como no podía ser de otra manera, diría Platón. Se trata del geocentrismo.
Estas conclusiones son consecuencia del razonamiento, y por supuesto, surgen como intento de dar explicación a las observaciones astronómicas. Observaciones que, las culturas egipcias y mesopotámicas (Lo que hoy sería Irak) habían recogido durante miles de años.

Encajar las afirmaciones de Aristóteles con un modelo matemático satisfactorio, recae sobre diferentes autores, donde exaltaremos el modelo de Ptolomeo (Siglo II a.C.) como cumbre de la astronomía en la antigüedad, cuyo modelo es descrito en su obra El Almagesto. Para solucionar estos problemas, empleará artificios como el deferente, los epiciclos (Originarios de Apolonio, siglo II a.C. Se trata de un círculo que describe un planeta alrededor de un centro que se movía en otro circulo mayor), y el ecuante.                                                                                                                                               

                                                                                     

Este modelo, como podéis imaginar resulta sumamente complejo, y permite adaptar el modelo de Aristóteles, aunque de forma sutil, a las observaciones astronómicas, e incluso realizar algunas predicciones como pueden ser los eclipses.

 El modelo geocéntrico, iniciado con Aristóteles y matematizado por Ptolomeo estaba ya terminado y listo para su extensión por el mundo.

El nacimiento de un nuevo modelo astronómico.

No será hasta el siglo XVI (1800 años después), cuando los datos astronómicos sean lo suficientemente precisos para que, de la mano de Nicolás Copérnico, aparezca un modelo heliocentrista. En este modelo se coloca al Sol en el centro y se eliminan algunos artificios de Ptolomeo, el epiciclo se mantiene. Quitar a la tierra y con ella al hombre del universo, fue un hecho que obtuvo la oposición férrea de la comunidad intelectual y religiosa de la época.

Johannes Kepler, a principios del siglo XVII, aniquilará los epiciclos en favor de orbitas elípticas, esto fue posible gracias a los datos observacionales increíblemente precisos que le proporcionaros Tycho Brahe y Galileo, que ya contaba con el telescopio.

 

Y será a finales del siglo XVII cuando Isaac Newton publique su ley de la gravitación universal, proporcionando así, una férrea consistencia matemática y teórica al modelo heliocentrista.

El modelo geocéntrico había muerto, un nuevo modelo heliocentrista sacude Europa y al mundo.

Desde luego una historia apasionante. Así pues, el paradigma científico no es más que la superficie del último escalón en la escalera del conocimiento. Tal y como muestra la historia anterior, los escultores de cada escalón se limitan a pulir y allanar dicha superficie oponiéndose en ultima instancia a aquellos que quieren cambiar el suelo que pisan, más cuando debían aceptar, que simplemente preparaban el firme para el nuevo peldaño.
Hasta cierto punto, ahora somos más capaces de entender como ocurren en la ciencia los cambios de pensamiento y de actitud, como unas ideas presentes en la comunidad científica (Paradigma científico) son abandonadas en favor de otras y como la lucha encarnizada entre lo que finalmente son bandos, es resuelta por los implacables hechos experimentales, elixir de luz, ante la obcecación de un científico. En definitiva, los cambios de paradigmas científicos. 
Dicho de otra forma, dos chicos discutiendo sobre el valor de una misma golosina ante la mirada atenta de sus amigos que se posicionan. Solo el tendero que la vendió, hará silencio.

¿Resulta ya sencillo no?

Pero, ¿Y si no existe tendero, si no existen posibles experimentos que resuelvan las dudas?

Más aún, ¿Es esto posible?
Hasta el momento, la respuesta es sí, y nada menos que para una de las teorías que más investigadores absorbe y que pretende ser la definitiva en física, os hablo de la controvertida Teoría de cuerdas, donde los experimentos dejan de ser plausibles.
 Asume que las partículas materiales aparentemente puntuales son en realidad “estados vibracionales” de un objeto extendido más básico llamado “cuerda” o “filamento”.                                                              

                                                                                                          Greene, Brian (2005).
Siguiendo el artificio de la escalera, en esta teoría se construye una torre elegante y bonita, donde la matemática deja de ser el aglomerante para convertirse en el componente único, pretendiéndose que sea en su sombra, el lugar donde encontramos la actual escalera del conocimiento científico.
Si los teóricos de cuerdas se equivocan, no pueden equivocarse sólo un poco. Si las nuevas dimensiones y las simetrías no existen, consideraremos a los teóricos de cuerdas unos de los mayores fracasados de la ciencia (…). Su historia constituirá una leyenda moral de cómo no hacer ciencia, de cómo no permitir que se sobrepasen tanto los límites, hasta el punto de convertir la conjetura teórica en fantasía

                                                                                                               Lee Smolin
Quizás ahora, el dicho con el que comienzo este texto no resulte tan absurdo.

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