El universo. Sobrecogedor y misterioso. Desde los albores de la humanidad, muchas
miradas han lanzado sus preguntas al cielo de una noche estrellada. De ellas, una que ha resonado en la mente de la humanidad durante milenios, y que aún hoy sigue sin respuesta, es si el fenómeno de la vida es exclusivo de nuestro planeta, La Tierra, o por el contrario está también presente en otros lugares del universo. Con el reto de responder a tan antigua pregunta en la última década del siglo XX surge una nueva ciencia, la Astrobiología.

La Astrobiología puede ser definida como la ciencia cuyo objetivo es la búsqueda, el estudio y la descripción de la vida más allá de las fronteras del planeta Tierra. Esta ciencia multidisciplinar no solo aborda la cuestión de si existe vida fuera de los límites del planeta Tierra, sino que también pretende responder otras muchas cuestiones de la mano de científicos de distintas ramas como biólogos, geólogos, químicos o físicos que trabajan codo con codo en proyectos con metas comunes.

La primera de esas otras preguntas, también muy fundamental, es ¿qué es la vida? Este ha sido tradicionalmente un tema espinoso en la biología en general, y aun a día de hoy no existe una definición unánime sobre este concepto. No cabe duda de que el posible descubrimiento de vida extraterrestre contribuiría a entender mejor la vida en general. Pero la Astrobiología va más allá, enfrentándose a otras importantes cuestiones:

¿Existen otros sistemas planetarios? La respuesta a esta pregunta es un contundente sí. A día 2 de marzo de 2017 hay 3458 planetas extrasolares confirmados, según la base de datos de exoplanetas de la NASA, y estos números no paran de crecer exponencialmente. Los planetas extrasolares en general son planetas que orbitan alrededor de una estrella diferente del Sol. La detección de planetas extrasolares es relevante en el campo de la Astrobiología porque abre las puertas a un mundo de posibilidades totalmente nuevo, aumentando con creces las posibilidades de que en alguno de esos cuerpos celestes se puedan haber dado procesos que hayan desembocado en la aparición de vida.

¿Cómo se puede detectar la presencia de vida? En general, mediante el establecimiento y la búsqueda de biomarcadores. Un biomarcador es sencillamente cualquier ente que indique la presencia de vida, presente o pasada. De igual forma que al ver las huellas de un pájaro sobre la arena de la playa podemos decir que por ahí transitó un ser vivo en algún momento, existen toda una serie de indicadores que permiten inferir de forma más o menos directa la presencia de vida. Así, por una parte se trata de establecer elementos que de forma no ambigua puedan ser relacionados con la vida, y por otra de buscarlos más allá del planeta Tierra. Ejemplos de elementos que pueden usarse como biomarcadores son nanocristales de magnetita, restos de moléculas biológicas, las formaciones de hierro bandeado (BIFs por su abreviatura en ingés), que son unos depósitos de hierro que se formaron cuando este se oxidó con el oxígeno desprendido por las primeras bacterias que respiraban, o, incluso, de manera más directa, fósiles propiamente dichos.

¿Cuáles son los elementos químicos más abundantes en el universo? De responder a esta pregunta se encarga la astroquímica. Especial relevancia para la astrobiología tiene que el carbono sea el cuarto elemento más abundante en el universo, ya que toda la vida, tal como la como la conocemos sobre la Tierra está basada en él. Teniendo en cuenta esta abundancia, es también probable que la hipotética vida extraterrestre esté vertebrada por este elemento.

Además, los astroquímicos buscan compuestos químicos que puedan tener cierta relación con la vida en atmósferas de otros astros, como metano, oxígeno u ozono, que puedan servir incluso como biomarcadores. Sin embargo, estas lecturas deben hacerse con cautela, ya que estos compuestos también pueden ser producidos por procesos puramente inorgánicos.

¿Cómo se originó la vida en la Tierra y cómo ha evolucionado sobre ella? Es de gran ayuda comprender cómo pudo originarse la vida en la Tierra para entender cómo puede originarse de modo general. Aunque aún a día de hoy no se sabe muy bien cómo pudo ocurrir este proceso en nuestro planeta, sí se sabe que es teóricamente plausible que la vida se formase mediante una serie de reacciones químicas a partir de compuestos inorgánicos sencillos. Un problema aparejado a este es la cuestión de si la vida realmente surgió sobre el planeta Tierra. Existe una hipótesis, llamada panspermia, que propone que la vida pudo formarse en otro lugar del universo y colonizar la Tierra. Se ha demostrado que ciertos organismos terrestres pueden resistir las condiciones del medio interplanetario, por lo que la panspermia sigue siendo una posibilidad que no puede ser descartada. Igualmente, una vez que la vida se establece en un planeta, es interesante saber cuáles son los pasos sigue hacia un aumento de complejidad. Nuestro único caso de estudio, la Tierra, nos da una idea de las apabullantes escalas temporales que transcurren en el paso evolutivo de una bacteria a un delfín, un proceso que ha tardado miles de millones de años. Igualmente, nos pone en perspectiva el potencial de la vida microscópica ya que, siendo esta la que ha habitado el planeta durante un setenta por ciento de su historia, es la que más probabilidades tiene de existir en el universo en general.

¿Cuáles son las fronteras ambientales de la vida? Desde un punto de vista astrobiológico delimitar esas fronteras es esencial para tener una idea no solo de qué sitios podrían ser idóneos para buscar vida, sino también para saber hasta qué punto la vida puede ser capaz de sobrevivir en condiciones aparentemente adversas. En este aspecto, un grupo de organismos tiene especial interés, los llamados extremófilos. Los extremófilos son microorganismos capaces no solo de sobrevivir, sino incluso de crecer y reproducirse normalmente en condiciones donde otros muchos organismos no pueden prosperar. Así, encontramos a estos organismos viviendo en ambientes extremadamente ácidos, extremadamente salinos, bajo los hielos de los casquetes polares o a grandes presiones y temperaturas en chimeneas hidrotermales de los fondos oceánicos. Estos microorganismos son clave para entender cómo la vida podría desarrollarse en ambientes que si bien son particulares en la Tierra, podrían ser más abundantes en otros lugares del universo.

En resumen, hoy en día la Astrobiología se basa en comprender mejor la vida, cuáles son sus límites y qué lugares son potencialmente susceptibles de albergarla. Comprendiendo lo que ha pasado en nuestro planeta, se pueden intentar extrapolar una serie de principios generales que puedan ser aplicables a la vida de forma universal. Usar la Tierra como analogía, sin embargo, no está exento de problemas, ya que no sabemos si somos la excepción o la norma y esto es algo que solo la astrobiología será capaz de decirnos. Pero si algo está claro es que en la Tierra la vida florece por doquier, y no hay prácticamente ningún punto en ella completamente estéril. A la vista de esta enorme capacidad de proliferación, cuesta levantar la mirada hacia las estrellas y pensar que somos el único lugar del universo donde late el corazón de la vida.